sábado, 9 de octubre de 2010

Fugitivo

Tenia sueño y me dormí,
tuve sed y agua tomé,
estuve aburrido,
y me puse a escribir...

Pero tuve ganas de tí,
y no supe que hacer,
no tenía algo bueno que decir,
entonces el panico se apodero de mí.

Huí lejos de tu rastro,
corriendo siempre en sentido contrario,
con la complicidad de la noche, siempre rio abajo,
me volví un profugo de tu recuerdo, siempre acechado.

Me trepe al cielo estrellado,
ocultandome en el mengüante de la luna,
pero el remedio fué más caro que mi dolencia:
no recordaba que la luna era de tu propiedad.

Quede colgado en tu sonrisa fresca,
como rebanada de sandía,
y me obligaste a construirme unas alas-estrellas
para huir de tu canto de sirena
y no ser cautivo en la prisión de tus días.

Tejí mis versos, con tinta fresca de recuerdos,
para crear una soga y trepar mas allá de tu pared,
cuando escale a lo mas alto de tus sueños en papel,
sólo logre perder mi fé.

¡Que tonto!
¿Cuanto tiempo tuve que correr
para darme cuenta que tu recuerdo
siempre habra de alcanzarme
por mas que lo trate de vencer?

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